Vuelve la polémica con las playas para perros

Con la llegada del verano comienza nuevamente la polémica sobre el uso de los arenales. En España, las playas son públicas y no es posible privatizar su uso tal y como ocurre en otros países. Por eso, no hay playas exclusivas para un tipo de usuarios o de entrada restringida.

Vamos a dejar a parte otras polémicas como las playas nudistas o las textiles y vamos a centrarnos aquí en el tema de las mascotas y las conocidas como playas para perros. El primer error es ya este, el nombre que se utiliza para ellas. No se trata de playas para perros, nombre que perece hacer referencia a un arenal plagado de canes donde no tienen cabida las personas, sino de playas en las que los peludos pueden ser bien recibidos.

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Muchas personas rechazan este tipo de playas porque consideran que pueden ser sucias e incluso peligrosas, pero desconocen que la mayoría de estos arenales tienen unas reglas muy claras, de hecho prácticamente las mismas que hay en cualquier calle: los perros de determinadas razas tienen que ir con un bozal y el resto de canes irán convenientemente atados con la correa.

En el caso de que algún animal haga sus necesidades en la arena, el dueño debe de recogerlo y dejar todo igual de limpio que cuando lo encontró. ¿Qué hay dueños que no respetan estas normas? La solución pasa por la concienciación e incluso por las multas. Multas que también deberían de aplicarse a padres que permiten que sus hijos pequeños hagan sus necesidades y las entierran, o a los fumadores que siembran de colillas la arena. En definitiva, a todos los que no respeten un lugar común.

Los perros no deberían de ir a las playas en hora punta y no porque molesten a la gente, sino más bien porque el excesivo calor es perjudicial para ellos. Incluso podrían quemarse las almohadillas de las patas con la arena, algo que algunos dueños no parecen tener en cuenta. Por eso, en algunas playas se permite que los animales acudan por las mañanas temprano y por la tarde a la caída del sol. De este modo disfrutarán de un paseo refrescante con sus dueños y se permite una buena convivencia.

Se trata, como en la mayoría de los casos, de un problema de educación y también de saber convivir unos con otros. Ni la intolerancia de los que creen que las mascotas no deberían de estar nunca en la playa, ni la mala educación del que suelta su perro y lo permite corretear entre personas que podrían no estar cómodas con su compañía.

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