Reptiles y otras no mascotas

No todos los animales que conviven con nosotros son mascotas en el sentido de la palabra que todos le damos. Para la mayoría, una mascota es un animal que convive con nosotros y con el que interactuamos, nos ofrece compañía y en muchas ocasiones juegos. Sin embargo, existen animales que si bien conviven con nosotros no son todo eso que entendemos que debe de ser una mascota.

Los reptiles son un ejemplo de esto. Las iguanas, por poner un ejemplo de un animal que ha estado muy de moda, pueden llegar en algunos casos a interactuar con sus dueños en pequeñas cosas, pero por lo general van a estar a sus cosas, ignorándonos de forma activa. Es más, a los reptiles no les gusta que los cojan en brazos ni que los acaricien llegando incluso a sufrir estrés. Por supuesto, siempre hay excepciones, pero lo habitual es esto.

iguana

Divertidos peces

Los peces son otro ejemplo de animales que podríamos llamar no mascotas, con los que la interactuación es más bien escasa. A parte de poner el dedo en el borde del agua y notar como vienen a intentar comer poco más podemos hacer con ellos. He escuchado a muchos decir que su pez les da besitos cuándo lo único que hace es tratar inútilmente de devorar eso que se le ha puesto en el borde de su mundo acuático, pero la imaginación es libre.

Eso sí, contemplarlos nadar puede ser todo un ejercicio de relajación y es sin duda mucho más gratificante para la mayoría que mirar un cuadro, por lo que los peces en los salones continúan siendo muy habituales a pesar del gran trabajo que una pecera puede llegar a dar.

Arácnidos y otros insectos no mascotas

Lo mismo sucede con aquellos que deciden adoptar como mejor amiga a una araña. Bueno, sus razones tendrán, pero aparte del placer de verla poco más van a obtener de ella. Lo mismo ocurre con la mayoría de los insectos, los no mascotas por antonomasia.

¿Es todo esto una crítica a estos animales? Por supuesto que no, su naturaleza es esa. Precisamente lo que se trata de explicar con todo esto es que al adoptar a un animal debemos de conocer sus características para no esperar de él algo que no va a poder darnos y no llevarnos por tanto desilusiones fácilmente evitables.

Esto es particularmente importante con los niños, que influidos por la televisión y por su gran imaginación pueden llegar a atribuir a estos animales cualidades casi humanas que lógicamente no van a encontrar en ellos.

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