Los más infieles del mundo animal

En el artículo anterior hemos visto algunos ejemplos de fidelidad animal. Hoy me lo voy a poner un poco más fácil y voy a hablar sobre la infidelidad en el mundo animal. Seguro que alguno de los datos que vamos a ver sorprenden a más de una persona, o no, porque uno de los animales más infieles son los monos, curiosamente también los más parecidos a nosotros.

Pero la palma entre los primates se la podrían llevar los monos gelada. Estos viven en manadas en las que hay un macho dominante que es el que tiene el privilegio de aparearse con todas las hembras de la manada. Pero se ve que esto no contenta ni a los machos subordinados ni a las mismas hembras,  a las que quizás sepa a poco la parte que les toca. Estas hembras no solo aprovechan las oportunidades que surgen para ser infieles, sino que lo hacen con premeditación y alevosía. Mientras que en una relación sexual normal estos monos producen gritos que se pueden escuchar a treinta kilómetros de distancia, cuándo se trata de una relación ilícita se contienen mucho y se aseguran además de que el macho dominante esté a una distancia considerable para sentirse seguros.

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Los insectos adoran las relaciones de una noche

Los insectos son los animales menos cariñosos de la naturaleza y también los menos románticos. Lo habitual es que macho y hembra se junten para el acto reproductivo y la historia no pase de eso… si el macho tiene suerte. Algunas arañas o especies como la mantis religiosa devoran al macho tras la cópula para asegurarse la dosis de alimento que permite a su cuerpo realizar la gestación. Y es que hay amores que matan.

Los roedores son también animales muy promiscuos y que además se reproducen con una gran rapidez. El conejo suele ser el ejemplo que siempre se pone en estos casos, pero ratones y ratas no se quedan atrás. Como curiosidad podemos comentar que en un estudio realizado por Proceedings of the National Academy of Sciences en el 2013 dio como resultado que los hijos de las ratas más promiscuas producían más feromonas causantes de la atracción en el sexo contrario, es decir, eran más atractivos y por tanto se reproducían más.  Aunque no todo fueron buenas noticias para estos pequeños sex-simbols ya que esta mayor producción de feromonas les causaba también un significativo acortamiento de su esperanza de vida.

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