La importancia del cepillado de gatos

En principio y como reza el chiste, todos estaremos de acuerdo en que cepillarnos al gato no es muy buena y idea o, cuando menos, es una actividad arriesgada. Sin embargo, cepillar al gato es una tarea llena de ventajas para ambas partes y que conviene convertir en una rutina. Las próximas líneas tratan el cepillado de gatos más o menos en profundidad.

Mucha gente tiene la idea de que el principal interesado en cepillar al gato es su dueño, para evitar molestas capas de pelo amontonándose por los rincones y encima de los muebles preferidos de nuestro gato. Sí, eso está bien, pero un buen cepillado también es importante y sano para nuestras mascotas. En naturaleza es más fácil que los gatos pierdan pelo rozándose, pero los gatos caseros, simplemente, no dan abasto.

La importancia del cepillado de gatos

¿Qué problema acarrea un pelaje sin cepillar a un gato? Varios, pero los principales son dos. Por un lado, en cada uno de sus acicalados, el gato ingerirá más pelo del conveniente; por eso ocurre que muchos gatos tienen problemas para gestionar todo ese pelo ingerido, pues aunque tengan hierba para purgarse, ese volumen de pelo es simplemente demasiado.

Por otro lado, un gato con nudos se siente sucio, como si no hubiese conseguido acicalarse bien, y eso contribuye a empeorar su estado anímico. Los gatos cepillados son gatos felices, aunque muchas experiencias personales puedan contradecir esta afirmación. Es verdad que los gatos que no están acostumbrados suelen oponerse a estas sesiones de cepillado. Veamos unas cuantas claves para mejorar esta situación.

El cepillado de gatos no tiene por qué ser un momento desagradable.

Lo ideal, aunque es fácil de decir, es empezar a cepillar a nuestro gato de pequeño, a eso de los dos meses, para acostumbrarlo. Si no ha sido así, debemos mostrar firmeza y fortaleza de ánimo para conseguir hacer de ello una rutina, pero combinándola sutilmente con algún premio o recompensa (unas caricias antes y después, una golosina) e incorporando esta práctica de forma paulatina.

Vamos con el cepillado en sí. En cuanto al tipo de cepillos, utilizaremos uno normal (púas de metal romas, cortas y próximas) y un peine, para repasar al final. Con el cepillo empezaremos por el cuello y el pecho, las partes que les encantan que les rasquen. Luego pasaremos  la espalda, respetando la “raya al medio” de la columna; daremos varias pasadas a favor del pelo y a contrapelo, suavemente, sin brusquedad.

Insistiremos en las zonas conflictivas como el cuello o las articulaciones (algunos gatos no llegan a acicalarse a alguna parte de su cuerpo), pero sin ponernos pesados. Una vez eliminados los nudos y el mayor volumen de pelo, repasaremos con el peine. Aunque las especies más afectadas son naturalmente las de pelo largo, las razas de pelo corto también agradecerán de vez en cuando un cepillado intenso.

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