En Nueva York, la muerte ya no te separará de tu mascota

Estamos celebrando Todos los Santos, víspera de difuntos y el día después de Halloween, así que no queda otra opción que hablar de la muerte. El amor que algunas personas sienten por sus animales va a más allá de lo que se puede considerar una mascota. Para ellos son parte importante de la familia y, en algunas ocasiones, incluso su única familia.

Esto es algo común en ciudades grandes en las que viven miles de personas pero en las que cada vez se está más solo. Muchos establecen lazos muy fuertes con sus perros o sus gatos y no están dispuestos a que estos se rompan tras la muerte.

muerte

Pero en Nueva York, como en muchas partes del mundo, hasta ahora estaba prohibido que un animal fuera enterrado junto a una persona. Si el deseo de alguien era enterrarse junto con su perro o su gato solo tenía una opción: comprarse una plaza en el cementerio de mascotas y pedir que lo enterraran allí.

Ahora, las leyes han cambiado y se ha dado luz verde para que humanos y mascotas puedan compartir tumba.

No es algo novedoso

Esta noticia no es tan novedosa si tenemos en cuenta que ya muchas civilizaciones antiguas hacían exactamente lo mismo. En las pirámides, sin ir más lejos, se han encontrado muchas momias de gatos que eran enterrados junto con sus dueños, además de las momias de gatos sagrados encontradas en las pirámides consagradas a este animal.

También se han encontrado numerosos enterramientos para mascotas en muchos puntos del mundo y en civilizaciones tan diferentes como la romana o la babuina.

La legislación en España

Actualmente, en nuestro país solo se podían enterrar a los animales en lugares indicados para ello, pero dado que hay poquísimos cementerios de mascotas, lo habitual era que tuvieran que ser incinerados.

Incluso es posible solicitar las cenizas del animal en una urna, tal como se hace con las cenizas humanas de los seres queridos. Ya no es frecuente, como se hacía antiguamente, recurrir a embalsamar el cuerpo de la mascota.

Pero todo aquel que tenía una casa de campo o tierras solía optar por enterrar a sus animales por su cuenta, algo que estaba prohibido y que de detectarse podía ser objeto de multas y sanciones.

Actualmente, se acaba de despenalizar esto en algunas comunidades autónomas, permitiendo que se puedan enterrar a los animales en lugares privados siempre que se cumpla con unas normas claras para evitar problemas de salud o problemas medio ambientales.

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