El oscuro mundo de las hormigas mascotas II

Seguimos adentrándonos en las profundidades del hormiguero de nuestras hormigas mascotas. Decíamos que todo comienza con una reina, con la que podremos hacernos mediante compra o capturándola nosotros mismos; aquí te remito a las webs especializadas como lamarabunta.org o anthouse.es donde podrás informarte acerca del lugar y momento en que cada especie puede hallarse, cómo identificar a una reina, los cuidados que requiere antes de entrar al hormiguero y otras sutilezas.

¿Y el hormiguero? Otro mundo en el que perderse. Los hay de distintos materiales: arena, corcho, ytong (un hormigón, valga la redundancia, muy raro), gel… Pero en general todos coinciden en ser láminas estrechas emparedadas en metacrilato, cristal o similares que si te esfuerzas un poco puedes construir tú mismo, o comprar listo para ensamblar o completamente montado. Hay kits para principiantes que incluyen caja de forrajeo y todo.

El oscuro mundo de las hormigas mascotas

Oh, no…!

La cría de las hormigas es un proceso complejo. ¿Nos acordamos de la reina que ya tenemos? Pues más vale que esté fecundada. Ella iniciará el nuevo hormiguero, como en libertad, y pondrá los huevos y alimentará las larvas, que sufrirán una metamorfosis completa hasta convertirse en hormigas adultas. Esa minicolonia tiene que comer… La base será agua azucarada o la llamada dieta Wilson, con huevo y miel, entre otros ingredientes.

Nadie dijo que fuera fácil lo de las hormigas mascotas…

Cuando ya tenemos una población adulta que alimentar utilizaremos nuestra caja de forrajeo anexa al hormiguero, que mejora su limpieza e higiene. Las hormigas son en general omnívoras, aunque hay especies un poco remilgadas. Aparte de la mezcla anteriormente expuesta les gustan las semillas, la futa, el huevo, grano, insectos (vivos o muertos), pan, pasta, atún, paté, jamón… Bueno, todos hemos hecho algún picnic, ¿no?

Desde el momento en que tenemos una primera generación completa, las cosas empezarán a marchar solas. Bueno, es un decir; hay mil variaciones y posibles complicaciones que afrontar: humedad y temperatura, plagas, comportamientos inesperados… Es muy difícil criar en cautividad, pero una colonia puede durar varios años, según la especie y el tamaño.

En definitiva, tener y sobre todo mantener un hormiguero en nuestra casa requiere un montón de aprendizaje y cuidados, pero os aseguro que las satisfacciones valen la pena. Siempre se dice que es una afición para personas pacientes, y es verdad; pero también es una excelente oportunidad para cultivar esa virtud. Es un constante desafío claramente compensado por la observación en primicia de un comportamiento fascinante. Una sociedad en desarrollo. Épico.

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