Conocer el lenguaje de las iguanas evita ataques

Siempre que hablemos de reptiles, hay que tener presente que no son animales domésticos sino salvajes, y las iguanas no son una excepción. Estos animales no buscarán interactuar con los humanos que los cuidan, ni nos pedirán mimos, y puede ser que hasta rehuyan nuestro contacto.

Debido a que no podemos establecer un código de entendimiento con ellos se pueden considerar animales un tanto imprevisibles que no dudarán en atacar si se sienten amenazados. En el caso de las iguanas, es muy habitual recibir un latigazo de su temible cola cuando se ponen nerviosas.

Iguanas

Precisamente, los propietarios se suelen quejar de estos ataques lamentando su carácter arisco, sin pensar en que, casi con total seguridad, habrán sido ellos los que han provocado al animal al entrar en su territorio y no hacer caso a las señales de disgusto y tensión que han indicado.

Qué les lleva a atacar

Dos son las principales causan que llevan a las iguanas a atacar: que no confíen en su dueño por tener poco trato con él o que sea la época reproductora, durante la cual se vuelven más agresivos. En esta época, los machos están listos a defender su territorio y las hembras la puesta, por lo que pueden vernos como un invasor.

Por otra parte, que nuestras iguanas confíen en nosotros no es algo innato, sino un trabajo paciente y diario en el que debemos acostumbrarlas a nuestra presencia y a ser manipuladas sin que nos teman. Para ello debemos ir entrando en el terrario poco a poco, sin prisas ni grandes movimientos, para que se vayan acostumbrando a tenernos de “vecinos”. Entonces podremos intentar tocarlas. Por último, probaremos a cogerlas ofreciendo nuestro brazo como si de una rama se tratara.

Aprendiendo su idioma

Las iguanas no emiten sonidos, así que no podremos detectar sus avisos mediante gruñidos, bufidos, siseos o cualquier otro sistema sonoro con el que otras especies nos avisan. Sin embargo, eso no significa que las iguanas no se comunican con nosotros, simplemente que lo hacen mediante otro sistema: el lenguaje corporal.

El lenguaje básico de las iguanas está centrado en la postura, ojos y cola. Si nuestra iguana está erguida y con el cuerpo hinchado nos está diciendo que debemos alejarnos, mientras que si se tumba cerrando los ojos y apoya la cabeza en el suelo, indicará que se siente tranquila y relajada.

Los ojos y cabeza también nos hablan de su estado de ánimo. Si las pupilas están contraídas y mueve la cabeza en señal de asentimiento, es más que probable que se disponga a atacar. En ese caso será de gran importancia prestar atención al movimiento de su cola, ya que es su arma defensiva.

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