Cada perro es un mundo

Algo que cada persona que tiene un perro no tarda en aprender (y en lo que se reafirma conforme pasa el tiempo) es que cada perro es distinto, tiene su propia personalidad, carácter y costumbres. Y no hablamos de razas diferentes, hablamos de individuos. Un bulldog siempre se parecerá más a otro bulldog que a un chihuahua, eso está claro, pero hay bulldogs que no se parecen entre sí más que en el aspecto…

Esa personalidad procede en buena medida del propio animal, de sus gustos o características innatos. Pero otra buena parte procede de su educación, de lo que ha aprendido y a lo que se ha acostumbrado. En dicha educación, el papel del amo suele ser fundamental. En realidad, debe serlo, si queremos que nuestro perro de compañía adquiera una serie de comportamientos y no otros.

Cada perro es un mundo

Al mismo tiempo, hay una serie de principios generales básicos que sí se aplican a todo perro. Todo perro duerme, come y hace… en fin, hace sus cosas. También necesita mantenerse sano, hacer ejercicio, conocer a otros perros. Hasta aquí todo es obvio. Pero, volviendo a la individualidad de nuestros perros, cada uno tendrá unas necesidades distintas que cubrir.

Tras un perro satisfecho hay un amo atento y feliz

Aquí no es lugar para especificar todas las necesidades de cada uno de los perros que en el mundo han sido, pero sí podemos señalar unas normas básicas de cuidado. Debemos tener un veterinario de cabecera que nos ayudará con la alimentación, vacunaciones y otros cuidados básicos de nuestros animales (desparasitación, juguetes adecuados, enfermedades específicas, comportamientos extraños), a veces propios de cada raza, a veces universales.

Debemos seguir unas rutinas tanto con la alimentación como con los paseos si queremos que nuestro perro sea un animal feliz (la vida bohemia es más bien para humanos). Con su educación ocurre lo mismo; hace falta gran constancia y disciplina (¡para con nosotros mismos sobre todo!) si queremos que el animal nos obedezca.

El último consejo básico atañe a nuestra relación con el perro, que no es ni nuestro hijo, ni nuestro amiguete, o sea, que ni debemos darle cerveza, ni tratarlo como a un bebé. A veces es difícil encontrar un equilibrio. El perro debe tener un espacio propio y cierta independencia, pero debemos estar atentos a sus necesidades. En lo que sí coincide con hijos y amiguetes es en que lo más importante es el cariño.

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